Falta Identidad II
Siendo un territorio sin mayores riquezas minerales en la época de la colonia, cuando se acabaron las perlas en lo que ahora es el Estado Nueva Esparta, y conocida como Nueva Cádiz en la época, poca gente se interesaba por el territorio de Venezuela. Apenas a finales del siglo XVIII fue que la elevaron a Capitanía General. Solamente se explotaba con cierta importancia el cacao en la zona de Chuao y por ello a veces los piratas holandeses se aparecían en esa zona a hacer de las suyas. El país contaba con una densidad poblacional baja y la única sociedad de cierta importancia era, naturalmente, la de Caracas, ya que era la ciudad más cercana al puerto de La Guaira que era prácticamente el único que se utilizaba para el comercio con el exterior. Por lo tanto, un sentimiento de orgullo, de nación, de gentilicio, si existía, era compartido por muy pocas personas. Hay la percepción de que los grandes hombres en Venezuela se extinguieron con la Guerra de Independencia. Y yo comparto esa percepción. Aquellos hombres que dieron su vida por el país, -y no seamos ingenuos, no lo hicieron exclusivamente por altruismo pero sí con mucho romanticismo- no tuvieron relevo luego de su muerte. No nació después de esa generación un grupo de hombres que pudieran tomar responsabilidad de guiar al país en función del bien general. El país desde entonces ha estado liderado por personas a quienes los guían únicamente sus intereses personales. Recuerdo una anécdota que leí en alguno de los libros de historia venezolana que se refería a una ocasión en que el recién formado congreso de la Primera República le tocó enfrentar una revuelta. No recuerdo el nombre del congresante ni las palabras exactas que le atribuyen, pero el hombre al oír la arenga de un compañero donde los conminaba a todos a quedarse en las instalaciones del Congreso y resistir a los que protestaban salió con una de esas típicas salidas jocosas donde alegaba una razón “válida” tipo “más vale cobarde vivo que valiente muerto” que le causó gracia a todo el mundo y les dió la excusa a todos para salir corriendo y no defender a la República. Recuerdo que en aquel entonces decidí que ese era el precursor del típico político de nuestros días: disfrutan de los beneficios del poder pero no asumen las responsabilidades que conlleva.
También recuerdo algunas referencias de Herrera Luque donde ya desde la Colonia había residentes en el territorio venezolano que desdeñaban al país. Como se puede observar, ya había un menosprecio arraigado por el país, y una falta de patriotismo y de integridad que poco podían ayudar a los ciudadanos de Venezuela a sentirse identificados con su país.
Luego vienen los efectos de la despoblación debida a la guerra de Independencia, que alejó a muchos venezolanos de su tierra para llevarlos a pelear por otros países y que llevó a la muerte a una buena cantidad de ellos. Como también vinieron los efectos de las sucesivas migraciones que hubo en el país. De estas migraciones, las que tuvieron más incidencia en nuestra manera de ser son las debidas al nacimiento y desarrollo de la industria petrolera, las planificadas que empezó Pérez Jiménez y las de los suramericanos que vinieron a buscar refugio y fuentes de ingreso a partir de los años 60, debido a que en sus países las guerrillas de izquierda y las malas administraciones públicas les hacían imposible sobrevivir en sus países de origen.
Ya Antonio Guzmán Blanco, con su “despotismo ilustrado”, había sembrado la idea de que lo bueno era lo francés. Puedo concluir que eso alimentó en la mente del venezolano la idea de que no era capaz de producir cultura propia de alto nivel. Que era mejor importar las costumbres y las artes de las potencias clásicas. Y eso debió tener cabida fácil en el pensamiento de una población que carecía de acceso a la educación básica y más aún a la avanzada. Venezuela entonces era un país principalmente rural que había pasado de depender del cacao a depender del café. Economía esta que tendería a la extinción con la llegada de la industria petrolera en el siglo XX.
El Benemérito, General Juan Vicente Gómez, sumió al país en un gran retraso que le impidió hacer seguimiento a los desarrollos que se estaban dando en otras naciones. Es por ello que cuando llegan las transnacionales petroleras hacen de las suyas imponiendo sus condiciones al tener el control de los capitales y la tecnología, además de contar con el respaldo de la “Ley del Garrote” a la que había acostumbrado Estados Unidos al mundo. Vinieron a construir oasis residenciales altamente tecnificados y dotados con bienes importados en zonas que hasta ese momento habían permanecido impolutas. Construyeron sus edificios sede y urbanizaciones modernas en Caracas, Maracaibo y Barcelona.
Tanto la infraestructura como los salarios atrajeron a los depauperados campesinos que habían sido explotados desde la Colonia y abrazaron la cultura norteamericana con entusiasmo. Las pruebas más contundentes de ello son los innumerables anglicismos que se adoptaron: guachimán, macundales, etc. Adicionalmente, somos el único país de Sur América donde el fútbol no es el primer deporte. Por la influencia norteamericana, nuestro deporte rey es el béisbol. Así mismo, desarrollamos un vocabulario que nos diferencia aún hoy en día de nuestros vecinos: no decimos papaya sino lechosa, no decimos maracuyá sino parchita, no decimos sandía sino patilla, etc. Supongo que con esas tendencias, se origino el menosprecio de lo nacional y se empezó a adoptar lo extranjero como lo bueno.
Esta bonanza inicial también atrajo inmigración. Con ella llegaron grandes cantidades de norteamericanos, holandeses y británicos para trabajar en las respectivas petroleras ya que Venezuela no contaba con gente con el conocimiento de las técnicas y tecnologías de esa industria. Así mismo, empezó a llegar gente de Colombia para tomar puestos de mano de obra no calificada.
Todos estos grupos vinieron con su cultura y los locales adoptaron mucho de ello. Una prueba de que hasta los colombianos nos empezaron a influenciar es que las grandes orquestas que tuvieron tanto éxito en el país, La Billo’s Caracas Boys y Los Melódicos, tenían un repertorio con gran contenido colombiano. Venezuela nunca ha producido un gran repertorio de música bailable. Ni hemos podido exportar con éxito nuestra propia música, a pesar de que hemos tenido artistas populares de gran proyección internacional, pero no interpretando nuestra música. De hecho, hace poco tiempo, tuve la oportunidad de atender una presentación de La Billo’s en Houston, Texas, donde prácticamente dedicaron toda la noche la música a los colombianos, ya que casi todas las piezas eran de ese origen.
Hasta aquí hemos recorrido hechos que ocurrieron hasta alrededor de la década de 1940-1949. En la siguiente entrega, continuaré presentando mis ideas sobre las causas que han producido que los venezolanos no sientan un fuerte orgullo patrio y una alta afinidad con sus compatriotas cuando se encuentran en el extranjero, incluyendo hechos ocurridos hasta el presente.
