Entendiendo a Venezuela

Es difícil entender la situación de Venezuela si no se es venezolano y se ha vivido en el país bastante tiempo. Es una sociedad compleja, llena de contradicciones, con unas realidades que nos hacen únicos inclusive dentro del subcontinente Latinoamericano. Nuestra historia, ubicación geográfica, desarrollo político, migraciones y recursos naturales hacen una amalgama bien particular.

lunes, noviembre 06, 2006

Falta Identidad II

Siendo un territorio sin mayores riquezas minerales en la época de la colonia, cuando se acabaron las perlas en lo que ahora es el Estado Nueva Esparta, y conocida como Nueva Cádiz en la época, poca gente se interesaba por el territorio de Venezuela. Apenas a finales del siglo XVIII fue que la elevaron a Capitanía General. Solamente se explotaba con cierta importancia el cacao en la zona de Chuao y por ello a veces los piratas holandeses se aparecían en esa zona a hacer de las suyas. El país contaba con una densidad poblacional baja y la única sociedad de cierta importancia era, naturalmente, la de Caracas, ya que era la ciudad más cercana al puerto de La Guaira que era prácticamente el único que se utilizaba para el comercio con el exterior. Por lo tanto, un sentimiento de orgullo, de nación, de gentilicio, si existía, era compartido por muy pocas personas. Hay la percepción de que los grandes hombres en Venezuela se extinguieron con la Guerra de Independencia. Y yo comparto esa percepción. Aquellos hombres que dieron su vida por el país, -y no seamos ingenuos, no lo hicieron exclusivamente por altruismo pero sí con mucho romanticismo- no tuvieron relevo luego de su muerte. No nació después de esa generación un grupo de hombres que pudieran tomar responsabilidad de guiar al país en función del bien general. El país desde entonces ha estado liderado por personas a quienes los guían únicamente sus intereses personales. Recuerdo una anécdota que leí en alguno de los libros de historia venezolana que se refería a una ocasión en que el recién formado congreso de la Primera República le tocó enfrentar una revuelta. No recuerdo el nombre del congresante ni las palabras exactas que le atribuyen, pero el hombre al oír la arenga de un compañero donde los conminaba a todos a quedarse en las instalaciones del Congreso y resistir a los que protestaban salió con una de esas típicas salidas jocosas donde alegaba una razón “válida” tipo “más vale cobarde vivo que valiente muerto” que le causó gracia a todo el mundo y les dió la excusa a todos para salir corriendo y no defender a la República. Recuerdo que en aquel entonces decidí que ese era el precursor del típico político de nuestros días: disfrutan de los beneficios del poder pero no asumen las responsabilidades que conlleva.

También recuerdo algunas referencias de Herrera Luque donde ya desde la Colonia había residentes en el territorio venezolano que desdeñaban al país. Como se puede observar, ya había un menosprecio arraigado por el país, y una falta de patriotismo y de integridad que poco podían ayudar a los ciudadanos de Venezuela a sentirse identificados con su país.

Luego vienen los efectos de la despoblación debida a la guerra de Independencia, que alejó a muchos venezolanos de su tierra para llevarlos a pelear por otros países y que llevó a la muerte a una buena cantidad de ellos. Como también vinieron los efectos de las sucesivas migraciones que hubo en el país. De estas migraciones, las que tuvieron más incidencia en nuestra manera de ser son las debidas al nacimiento y desarrollo de la industria petrolera, las planificadas que empezó Pérez Jiménez y las de los suramericanos que vinieron a buscar refugio y fuentes de ingreso a partir de los años 60, debido a que en sus países las guerrillas de izquierda y las malas administraciones públicas les hacían imposible sobrevivir en sus países de origen.

Ya Antonio Guzmán Blanco, con su “despotismo ilustrado”, había sembrado la idea de que lo bueno era lo francés. Puedo concluir que eso alimentó en la mente del venezolano la idea de que no era capaz de producir cultura propia de alto nivel. Que era mejor importar las costumbres y las artes de las potencias clásicas. Y eso debió tener cabida fácil en el pensamiento de una población que carecía de acceso a la educación básica y más aún a la avanzada. Venezuela entonces era un país principalmente rural que había pasado de depender del cacao a depender del café. Economía esta que tendería a la extinción con la llegada de la industria petrolera en el siglo XX.

El Benemérito, General Juan Vicente Gómez, sumió al país en un gran retraso que le impidió hacer seguimiento a los desarrollos que se estaban dando en otras naciones. Es por ello que cuando llegan las transnacionales petroleras hacen de las suyas imponiendo sus condiciones al tener el control de los capitales y la tecnología, además de contar con el respaldo de la “Ley del Garrote” a la que había acostumbrado Estados Unidos al mundo. Vinieron a construir oasis residenciales altamente tecnificados y dotados con bienes importados en zonas que hasta ese momento habían permanecido impolutas. Construyeron sus edificios sede y urbanizaciones modernas en Caracas, Maracaibo y Barcelona.

Tanto la infraestructura como los salarios atrajeron a los depauperados campesinos que habían sido explotados desde la Colonia y abrazaron la cultura norteamericana con entusiasmo. Las pruebas más contundentes de ello son los innumerables anglicismos que se adoptaron: guachimán, macundales, etc. Adicionalmente, somos el único país de Sur América donde el fútbol no es el primer deporte. Por la influencia norteamericana, nuestro deporte rey es el béisbol. Así mismo, desarrollamos un vocabulario que nos diferencia aún hoy en día de nuestros vecinos: no decimos papaya sino lechosa, no decimos maracuyá sino parchita, no decimos sandía sino patilla, etc. Supongo que con esas tendencias, se origino el menosprecio de lo nacional y se empezó a adoptar lo extranjero como lo bueno.

Esta bonanza inicial también atrajo inmigración. Con ella llegaron grandes cantidades de norteamericanos, holandeses y británicos para trabajar en las respectivas petroleras ya que Venezuela no contaba con gente con el conocimiento de las técnicas y tecnologías de esa industria. Así mismo, empezó a llegar gente de Colombia para tomar puestos de mano de obra no calificada.

Todos estos grupos vinieron con su cultura y los locales adoptaron mucho de ello. Una prueba de que hasta los colombianos nos empezaron a influenciar es que las grandes orquestas que tuvieron tanto éxito en el país, La Billo’s Caracas Boys y Los Melódicos, tenían un repertorio con gran contenido colombiano. Venezuela nunca ha producido un gran repertorio de música bailable. Ni hemos podido exportar con éxito nuestra propia música, a pesar de que hemos tenido artistas populares de gran proyección internacional, pero no interpretando nuestra música. De hecho, hace poco tiempo, tuve la oportunidad de atender una presentación de La Billo’s en Houston, Texas, donde prácticamente dedicaron toda la noche la música a los colombianos, ya que casi todas las piezas eran de ese origen.

Hasta aquí hemos recorrido hechos que ocurrieron hasta alrededor de la década de 1940-1949. En la siguiente entrega, continuaré presentando mis ideas sobre las causas que han producido que los venezolanos no sientan un fuerte orgullo patrio y una alta afinidad con sus compatriotas cuando se encuentran en el extranjero, incluyendo hechos ocurridos hasta el presente.

domingo, noviembre 05, 2006

Falta identidad I

En la entrega anterior hablé sobre mi percepción de que los venezolanos no se identifican con su país como lo hacen otras nacionalidades. Fíjense en los colombianos. Por muchos años los tuvimos como nuestros vecinos pobres. La corrupción de su oligarquía -esa SI es una oligarquía, heredada del Virreinato de Nueva Granada- la devastación producida por la guerra que sostienen la guerrilla de izquierda y los paramilitares, las consecuencias de los carteles de la droga, que empezaron con la producción masiva de marihuana por los guajiros y terminó en producción de cocaína, produjeron un gran empobrecimiento de la población y mantuvo a todos sus habitantes a un paso de la muerte por la violencia provocada por todos esos grupos.

Por mucho tiempo ellos nos veían con cierto resquemor, pues realmente en Venezuela se desarrolló una "colombo-fobia". Una de las razones fue la masiva migración de colombianos hacia Venezuela por los caminos verdes. La inmensa mayoría de este grupo, aparte de indocumentados, era de baja preparación y migraron dispuestos a lo que fuera para sobrevivir y poder enviar remesas de dinero periódicas a sus familias que se quedaban en su lugar de origen.

Debido a ello, a los venezolanos les tocó conocer las muestras menos atractivas del hermano país: empleadas domésticas que robaban las pertenencias de los empleadores, timadores de calle y, por primera vez, bandas organizadas para distribución de drogas y perpetración de ilícitos. Era natural que con la gran cantidad de colombianos que migraron a Venezuela, los productores de droga aprovecharan de expandir sus mercados. Y la riqueza y despilfarro creado por la bonaza petrolera actuó como magneto para atraer a los indeseables. El colombiano en Venezuela llegó a ser sinónimo de ratero y maleante.

Los venezolanos venían de estar acostumbrados a la extrema seguridad personal que la dictadura brindó durante los años 50, y por ello todo este nuevo movimiento de ilegales los agarró de sorpresa. Aparte de la natural permisividad y pasividad de los cuerpos de seguridad que no hicieron todo lo necesario por parar esa avalancha de inmigrantes y las actividades delictivas que cometían.

El bolívar estaba fuerte, a un cambio que superó los 12 pesos por bolívar en los 70s. Durante los primeros 30 años de democracia después de la dictadura de Pérez Jiménez, Venezuela tuvo una explosión económica y un bienestar únicos en Latinoamérica. Además, produjo más Miss Mundos y Miss Universos que cualquier otro país del mundo. Los venezolanos se sentían la tapa del frasco. Había dinero para ir cada vez que se antojaba a Miami a comprar.

Sin embargo, a pesar de estar en una situación de gran desventaja y teniendo en apariencia poco de lo que sentirse orgullosos, los colombianos siempre "tiran pa' su lado". En el exilio se ayudan unos a otros. Les gusta mantener sus costumbres, comer su comida, tomar su "aguardientico", mantener el contacto con su tierra, oír su música. Y no se puede negar que el colombiano históricamente ha tenido una formación en urbanidad y modales que es superior a la del venezolano. Eso se debe posiblemente a que Colombia, durante la colonia, disfrutó de estatus de Virreinato, mientras Venezuela era nada más una Capitanía General de bastante bajo perfil. Sin embargo, en Venezuela se llegó a usar "caliche" como sinónimo de "chimbo", imitación de mala calidad.

Pero miren ahora: sus artistas tienen una proyección mundial sorprendente, sus bellezas ahora opacan en algunos casos a las venezolanas -una vez una gran amiga colombiana me comentó que en Colombia corría la especie de que a las venezolanas las formaban principalmente para ser "Misses"- y sus empresas han estado comprando el parque industrial y comercial venezolano. Sus ejecutivos tienen posiciones superiores a las de los venezolanos en prácticamente todas las empresas que tienen presencia regional. Las corporaciones internacionales prefieren instalar sus plantas y oficinas principales en Colombia, a pesar de la inseguridad producida por la guerrilla y los carteles de la droga, porque de alguna manera la seguridad jurídica es más confiable que la de Venezuela. Y yo adjudico todo ello al hecho de que los colombianos nunca dejaron de amar a su patria y sentirse orgullosos de ella.

Siempre manifestaron orgullo por su himno nacional, que según ellos sostienen, es el segundo himno más hermoso después de la Marsellesa, el himno nacional francés. Se sienten orgullosos de que su país esta bañado por tres de los diez ríos más grandes del mundo: el Magdalena, el Amazonas y el Orinoco. Bailan su música y la llevan a todas partes. Tuve la oportunidad de vivir en Margarita a mediados de los años 90s, y en la isla residían por lo menos 3 orquestas de música vallenata...y Margarita está en el extremo más lejano para los colombianos!!!! Son orgullosos de sus futbolistas, juegan al fútbol a donde quiera que van y siguen el campeonato de su país como si aún estuvieran viviendo en él. En pocas palabras, viven sus costumbres y su gentilicio con orgullo.

No así los venezolanos. Y en la próxima entrega hablaré de cuáles son las causas que pienso produjeron esa realidad.